martes, 6 de noviembre de 2007

DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS (¡ja!)

Pretendo crear aquí un espacio de contestación.
No me vacila la reacción dormida, arrodillada o sospechosamente condescendiente de la mayoría de televidentes, radioescuchas o lectores, frente a los llamados líderes de opinión (jajajay!) de los medios masivos de comunicación. Sobre todo porque tales dizque líderes, en buena parte de los casos, no reúnen los méritos ni las condiciones para ser considerados como tales. Todo lo contrario, a diario asistimos en la TV o la radio a tristes espectáculos de deficiencia profesional o a salidas de lo más jocosas por lo ridículas.
Mi tiempo frente a la televisión y la radio es de lo más limitado. Por eso, para compensar, invito a todos quienes esto lean a que se sientan libres de colaborar con opiniones, no importa si contrarias a la mía, referidas a este tema.
Las opiniones de quienes se decidan a colaborar no serán bloqueadas, ni manipuladas, ni sospechosamente borradas, como hace el personaje de quien me voy a ocupar a continuación y con quien voy a inaugurar esta ventana de, espero, diálogo.

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