En una reciente entrevista, Speedy Gonzales apresuraba a su invitada (siendo él quien se había presentado con larga impuntualidad) y prácticamente la conminaba a dar respuestas apuradas y de ser posible monosilábicas: "brevemente por favor". Justificaba su actitud aduciendo que en la radio los segundos son de oro: "aquí se trabaja al segundo, ni siquiera al minuto". ¿Sí? ¿De verdad?
Veces anteriores, en distintas fechas atrás, decía también cosas parecidas: que no le gustaba el palabreo, que no soportaba a los charlatanes, que los oyentes que le escribían mails largos le hacían perder tiempo impidiéndole así atender a otros oyentes. ¿Sí? ¿De verdad?
Si el pata cree en lo que dice, si no está hablando por hablar, si deverdad se preocupa por ganar tiempo, por no desperdiciarlo, ¿por qué será entonces que se la pasa hablando y hablando imparable e incansablemente durante su programa? Escuchen las repeticiones y me darán la razón. Y ojalá dijera cosas importantes, o novedosas o interesantes por lo menos. Nada, de su boca nunca sale nada importante, nada que no sea la sarta cotidiana de charlatanería, de necedades, de autobombo, de cantinfladas, de panzazos gramaticales, en suma: pura fruslería.
Si sus invitados, si sus oyentes tienen que ser breves y concisos, a exigencias suyas, ¿por qué él no lo es? En esto también nos encontramos con uno de esos inconsecuentes que no predican con el ejemplo. ¿O quizás piense, como en tantas otras cosas, que él es el único que puede saltarse las normas, el único que puede eximirse de las obligaciones que, según parece creer, todos los demás deben cumplir?
¿Y por qué le irritan los mails largos? Nadie lo obliga a leerlos al aire, ni siquiera a leerlos, llana y simplemente. Y, una contradicción más, ¿por qué sí lee con placer los mails donde lo franelean? ¿aunque sean tremendamente extensos? Ahí sí que se olvida de la brevedad, ahí sí que no se exaspera ni reclama concisión. A veces hasta los vuelve a leer. Y es que como él mismo lo confiesa, no le caen nada mal los "masajes al ego". Se nota. Su ego es tan enfermizamente descomunal que necesita que lo estén masajeando constantemente. Cosa que trata de disimular, con una modestia más falsa que una moneda de 3 soles, diciendo que los halagos lo incomodan, lo hacen ruborizar. ¿Sí? ¿De verdad? Si eso fuera cierto ¿porqué entonces lee esos mails al aire? ¿por qué no se los guarda para él solito? Sencillamente porque esa modestia y ese rubor de doncella no existen en él. Los narcisistas no conocen la modestia ni la sencillez, necesitan con urgencia estar alardeando de los halagos que reciben, sean estos reales o inventados.
Hay que ver así mismo la manía que tiene para perder tiempo presentando la canciones. Las anuncia cuatro o cinco veces, a veces hasta enredándosele la lengua, de los títulos se manda varias "traducciones", la cosa es no dejar de hablar. Y luego nos viene con el cuento de que trabaja al segundo, ni siquiera al minuto. Escúchese primero señor Gonzales.
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