¿Y escucharon hace unos días las entrevistas de Speedy Gonzales a la bailarina de danzas árabes (o algo por ahí) llamada Amar (o algo por ahí)? La redundancia es con cachita, porsiaca.
¿No decimos? El tío no tiene remedio. Es un caso incurable. Durante toda la entrevista se la pasó perorando alegremente él, interrumpiendo a la invitada para meter sus "gracias", sus chistes torreja, sus comentarios insulsos. Si él piensa que con esas cosas va a lograr impresionar a alguien... pues... a lo mejor a sus oyentes tarugos, como los llama él. Pero no creo que hayan muchos. Al menos no todos son tarugos. Los comentarios que nos llegan reprobando esa conducta, son bastantes. Una se pregunta ¿para que entonces invita a nadie? Debería entrevistarse a sí mismo una o dos veces por semana y asunto arreglado. Eso, sin duda, lo haría muy feliz, y al mismo tiempo haría las delicias de quienes nos solazamos con sus sandeces.
Pero no, su desatada lengua y su ego elefantiásico se imponen. Una buena solución sería encargarle a Bianca las entrevistas. Cuando ella lo hace en su espacio de 9 a 11, el invitado sí tiene la oportunidad de expresarse con la amplitud necesaria, tiene la oportunidad de explicar y aclarar por completo cada punto, ayudado por las preguntas precisas de Bianca. Cosa que no ocurre con Gonzales. Sus entrevistas no son oportunidad para ilustrar un tema, sino oportunidad para... ¡para darse a sí mismo la chance de seguir hablando hasta por los codos! ¡Para seguir contribuyendo con la contaminación sonora de esta bulliciosa ciudad! Y luego quiere hacernos creer el cuento de que es un paladín antipolución. ¡Por favor...! Que se escuche primero.
Al final, cuando la invitó a despedirse, al igual que en anteriores ocasiones con otras invitadas, la pobre Amar apenas si alcanzó a pronunciar sólo la primera sílaba de su despedida, ¡sólo una sílaba! así como suena, increíble, pues su anfitrión, con la malcriadez acostumbrada que lo caracteriza, le cortó una vez más la palabra para soltar otro de sus paporreteos desaforados.
¿Tendrá terapeuta el tío? ¿Por qué no recurre a uno si no lo tiene?
Cosa idéntica ocurrió minutos después con su otro invitado, un señor Julio... ¿Rizzotto? Sorry por la ignorancia. La misma cosa. Le hacía una pregunta y cuando estaba empezando a responder el invitado, Gonzales le quitaba la palabra para responderse él mismo o para meter sus comentarios que son puro lugar común, de esos que se encuentran y se leen en cualquier periódico mural de colegios primarios. ¡Ojalá tuviera por lo menos algún aporte real, alguna cosa nueva que decir!
Y así como tiene el atrevimiento de dar consejos a Bianca sobre cuidar sus oídos, debería aconsejarse a sí mismo sobre cuidar su imagen, que hoy por hoy está bastante chamuscada y deshilachada gracias a su falta de modales y educación y gracias a sus propias bufonadas y cantinfladas.
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