miércoles, 24 de septiembre de 2008

LAS BROMAS GONZALIANAS (por Alexia)

Una de las tácticas más torpes del DJ Speedy Gonzales es la de querer pasar de contrabando sus groserías. Las califica de bromas (o se esfuerza en querer darles esa apariencia). Bromas con las que su staff revienta de gozo, según da a entender; naturalmente incluye explícitamente a Bianca, quien por lo general es una de las principales víctimas de la zafiedad gonzaliana.

Pero una cosa es broma o chiste y otra muy distinta grosería o vulgaridad. Son conceptos que no tienen por dónde ni cómo confundirse. Y quien no tiene la suficiente claridad de pensamiento ni criterio para distinguir una de otra, es porque definitivamente es una persona grosera. ¿Por qué?
Muy sencillo, porque un patán se expresa con groserías, está habituado a ellas, convive con ellas, por lo tanto le parecen cosa normal y de práctica general. Y en nada incorrectas. Las acepta y acata como regla de conducta y expresión.

Gonzales se hace un flaco favor entonces pretendiendo que la gente acepte sus patanerías como cosa inofensiva y graciosa. Me imagino que hay un sector de su público, aquellos a quienes el DJ agradece calificándolos de paparulos o tarugos, que terminan creyéndole tamaña necedad, pero la mayoría no se traga esa píldora. Es cierto que existe una franja poco evolucionada de mujeres, de esas que los psicoanalistas llaman coadictas, que todavía aceptan pasivamente la pata de un macho en la cara. Es un hecho, hay que aceptar esa realidad, hay sectores que no han puesto al día su dignidad humana ni su status mental, que continúan gobernadas por una autoestima que se arrastra y un bajísimo respeto hacia sí mismas. Eso quizás por habe carecido de oportunidades para formarse, o por negligencia o por comodidad haragana. De ahí que no sorprenda encontrarnos con especímenes femeninos que puedan hallar algo de gracioso, sano o simpático en los poco sutiles agravios misóginos de Speedy Gonzales. Que no puedan identificar el verdadero yo de un personaje que se sostiene únicamente en apariencias cada vez más resquebrajadas. Pero esos pilares precarios se están cayendo de viejos y el "ídolo" que sostenían se está desmoronando de a pocos. Y él acelera ese proceso con esa vocación de hazmerreír de la que tanto le gusta hacer gala.

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