El 9 de diciembre, al día siguiente de celebrarse el día del locutor, refiriéndose a la gran maestra Maruja Venegas, nos pareció que Speedy Gonzales hacía una especie de acto de contrición cuando dio a entender que las palabras de esa respetada e importante señora lo habían conmovido y de alguna manera lo habían hecho recapacitar. No podía yo creer lo que estaba escuchando de boca de ese señor. Me pregunté si acaso las palabras de la Sra. Venegas habían operado un milagro (de por sí muy difícil para cualquier santo), el de hacer reflexionar acerca de sí mismo a un ser tan tontamente montado en el potro viejo y tembleque del engreimiento, y que cree estar por encima de toda imperfección humana y de toda posibilidad de error. Pero instantes después él mismo se encargó de desmentirme. Respaldándose en las palabras de la Sra. dijo, aludiendo a los locutores: "de alguna manera somos maestros".
Claro que sí, Sr. Gonzales, sólo que como de costumbre usted deja incompletas las ideas. Hay maestros y maestros. No todo maestro es un maestro con mayúsculas. Las noticias en la televisión nos dan a conocer con frecuencia que hay maestros a la vieja usanza, de los que creen que la letra entra con sangre; vemos maestros que se niegan a las evaluaciones ordenadas por el ministerio porque saben que van a desaprobar con calificaciones más bajas que las del más burro de sus alumnos; hay maestros que castigan desnudando a sus alumnos, maestros violadores, maestros pervertidos, maestros que venden en dólares las notas aprobatorias (¿una especie de canje?), o que las conceden a cambio de favores sexuales; hay maestros que ni siquiera saben escribir sus nombres, o aquellos que no saben distinguir un caimán de un kiwi. De todo eso nos enteramos en la televisión. Pero, saliendo de las aulas, nos encontramos con maestros de corrupción y cinismo en la política, con maestros de la desvergüenza, de la incompetencia o del perro muerto, en la actividad pública.Todo eso lo vemos en la televisión.
Partiendo de eso sí le acepto, Sr. Gonzales, que todo locutor es un maestro. Pero habría que precisar ¿no cree usted? ¿Qué clase de maestro vendría a ser usted? ¿Qué nos ha estado enseñando usted durante estos años anteriores? ¿Cree usted realmente que se ha ganado el derecho de ser considerado maestro? ¿O está más bien para recibir una tonelada de los Coquitos que tanto recomienda a sus colegas y oyentes?
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