miércoles, 22 de abril de 2009

"VERRUGAS" GONZALES (por Alexia)

Las feas y peludas verrugas en la personalidad de Speedy Gonzales ya no se exhiben descaradamente como ocurría hasta hace sólo unos meses. Eso gracias a nuestro blog. Parece que le hemos servido de espejo al tío, pues ahora muchas capas de maquillaje o algún mechón de cabello intentan ocultarlas o cuando menos disimularlas, ya que sus apresuradas y mal hechas cirugías no han logrado, ni lograrán, extirparlas.

Pero a veces el viento sopla el mechón, o el maquillaje se corre, y quedan al descubuerto algunas de esas monstruosas excrecencias que ahora parecen incomodarlo, pero que en alguna época eran motivo de desafiante y agresivo orgullo para Gonzales.

En estas recientes semanas, por ejemplo, ha vuelto a manifestarse con fuerza su "caballerosa" tendencia a cortarle la palabra a Bianca cuando ella empieza a hablar. Interrumpir a alguien que está hablando no sólo indica una clamorosa ausencia de buenas maneras y cultura social, sino que en su caso llega al nivel de patanería. Ya que cuando Bianca toma la palabra es única y exclusivamente porque él se lo solicita o porque le dirige una pregunta.

No se justifican interrupciones porque Bianca no es una de esas personas particularmente parlanchinas a quien es necesario hacerle un stop. Al contrario, ella, al igual que Manie Rey o Susana Roca Rey o L. A. Pinasco o Teresa Fuller, es una de esas personas a las que es difícil pescarle una palabra de más. En cambio en Speedy Gonzales el 90 ó 95 % de lo que dice son palabras de más. Es él quien debería recibir un hachazo en la lengua en sus largas, cantinflescas, aburridas e inútiles peroratas. Hay momentos en que Bianca prefiere quedarse callada ante una pregunta porque sabe que no la van a dejar pronunciar ni dos palabras seguidas.

Una de las características de un buen conversador es saber escuchar, permitir expresarse a su interlocutor, pero el tío desconoce ese sabio consejo o no le interesa practicarlo, porque ya con Bianca, ya con sus invitados, no tolera escuchar otra voz que la suya propia, no tolera que nadie, ni siquiera la música, le quite la palabra. En más de una oportunidad hemos sido testigos de cómo, mientras sonaba una canción, él estaba hablando. ¿Y qué decía? ¡estaba contando la canción! ¿Para qué entonces pone ya música? Simplemente debe dedicar los casi 120' de su programa a "contar las canciones". Así por fin se daría a sí mismo la felicidad de pasarse la vida escuchando sin interrupciones ni final su propia voz. Qué tal nivel de egolatría. Definitivamente este señor no tiene terapeuta. O cree que no lo necesita.

Pésimo conversador entonces, en esto también pésimo, una raya más al tigre.

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