Se podía apostar. Lo sabíamos. Era de esperar. No podía ser de otra manera... Speedy Gonzales no se solidarizó de ninguna manera con las campañas en favor de los miles de niños, de familias en estado de pobreza extrema, en las regiones altoandinas azotadas por un frío de varios grados bajo cero que ya ha cobrado varias vidas, sobre todo entre niños y ancianos.
No aprovechó la facilidad de tener un programa radial a su disposición, de tener un medio de comunicación en sus manos como es una radioemisora, para sumarse a esa campaña. No, él no se suma a ninguna campaña que implique ir un poquito más allá del simple palabreo.
Recordemos que tampoco se sumó a la llamada "Hora planeta" que, para su cólera, tuvo una convocatoria realmente multitudinaria en el planeta entero. No sólo no colaboró, sino que encima la tildó despectivamente de "barullo". Y hace pocos días en la entrevista a Abraham Levi quiso conseguir respaldo "autorizado" y (pobre su hígado) no lo logró. Pero de esa interesante entrevista se está ocupando Jossyta, así que me limito a mencionarla.
Esta campaña para socorrer a los niños sureños, empezó tímidamente, como un reportaje más, en un noticiario televisivo, pero luego se extendió rápidamente hasta movilizar a una serie de medios y personalidades del espectáculo y el deporte; tal como ocurrio con la "Hora planeta", pero en la emisora de Gonzales... "No se oye, padre".
Esa actitud desdeñosa y arrogante de Speedy Gonzales hacia todo lo que signifique ayuda efectiva, da una inequívoca muestra de la falsedad de su prédica, que nunca se ha despegado de la pura y necia fanfarronería. No es una persona de acción, se pone en movimiento sólo cuando se trata de aprovechar un canje, o de conseguir otro; ahí sí se le mueven los pies y se le aclara el entendimiento, que por lo general lo tiene en estado de modorra permanente. Pero si se trata de ayudar con hechos... él mira por la ventana para ver si ha salido sol, o si el invierno no está cumpliendo con el frío que le corresponde; o si alguna jovencita está estacionando donde no le corresponde. O sea, parlotear y parlotear, quejarse de todos y de todo, franelear sólo a los invitados, por una entrada gratis, por un masaje sin costo para su bolsillo, por un almuerzo a costa de chequera ajena, o cosas por el estilo.
Quizá diga que ya otros lo están haciendo, pero cuando se trata de ayudar a quienes -carentes de medios- se están muriendo de frío, hambre o enfermedad, ninguna ayuda sobra. Si sobrara, desde luego que no seguirían ocurriendo esas calamidades. No creemos ni esperamos que en algún momento reaccione; existe una tapia entre él, su mundo de canjes y comodidades irrenunciables, y el mundo exterior. Su egoísmo es extremo y enfermizo y da náuseas. Vive para sí mismo creyéndose el amo de la verdad y la corrección; se lo sigue creyendo, ¿ah?, pese a que en este blog le hemos sacado todos sus trapitos al sol; es decir, hemos demostrado que no es amo ni del saber ni de las traducciones "correctas" ni del idioma ni de la buena educación ni de la caballerosidad ni de la solidaridad ni de nada. A lo mejor en lo único que se le puede considerar un amo es en la patanería y el egoísmo.
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