¿En qué se parece la elegancia a la vulgaridad?... En su carácter innato. No se adquieren ni se aprenden; se tienen o no se tienen; y eso para toda la vida. Se excluyen una a otra, no pueden estar presentes a la vez en la misma persona.
También tienen semejanza en que no pueden ser desaparecidas por el entorno ni por las condiciones de vida en las que les toca existir. De ahí que, por ejemplo, en zonas pobres o en condiciones de vida nada favorables, se encuentren de pronto personas que a pesar de todas las desventajas -ambientes rudos, educación casi inexistente, quizás miseria- ostenten maneras de ser, actitudes, comportamientos y hasta modales propios de gente educada con esmero. Y viceversa: en medios sociales de condición económica media, incluso acomodada, donde la gente se ha graduado en colegios particulares de alto standing, hallamos con no poca frecuencia actitudes, comportamientos y modales característicos de los estratos antisociales de una comunidad humana. Parafraseando a Belli, en cada linaje el deterioro impone su presencia. Yo añadiría, el deterioro sí, pero también las cualidades elevadas.
A Speedy Gonzales, por ejemplo, de nada le sirven los esfuerzos por aparentar lo que no es. Él ha nacido con características que todos percibimos y que él mismo se ha encargado de darlas a conocer. En su programa finge, con poco talento, una manera de ser que definitivamente no le corresponde (a lo mejor unas clases de Arte Dramático le ayudarían a ser algo convincente). Pero al poco tiempo esa vistosa "cobertura elástica" con la que se adorna, acaba por incomodarlo, por quitarle libertad de movimientos, por asfixiarlo, y entonces -qué remedio- se deshace de ella para poder respirar con libertad, para sentirse a sus anchas y poder ser él mismo. Es entonces cuando aflora su yo vulgar congénito, y él termina por admitirlo y por reconocer muy suelto de huesos que se siente a gusto siendo como es: "no importa si para bien o para mal, lo importante es que comenten. Y eso me gusta, me gusta mucho".
Este hijo predilecto de la vulgaridad nos recuerda en gran medida al modelo real en que se basa la miniserie "Magnolia Merino". Como la Sra. en cuestión, ha realizado su trabajo deshonrando, causando dolor, limpiándose en los valores, en el respeto y en la ética profesional, quizás para esconder (como siempre sucede en estos casos) la miseria moral, la pobreza de valores, el sentimiento de inferioridad que se manifiesta en el abuso de poder, en la necesidad de imponerse de manera inescrupulosa. A Magnolia Merino, la fealdad física no le sirve de estímulo para cultivar otras áreas del ser interior, que pudieran convertirla en una persona agradable y entrañable (a fin de cuentas lo que importa es la personalidad), la fealdad más bien se le convierte en una rémora dolorosa que la lleva a conductas antisociales: la agresión, el cinismo, la sed de venganza, el sadismo. Hasta en eso le guarda semejanza Speedy Gonzales.
Quise que conocieran en esta foto a mis amados hijos.
2 comentarios:
Qué razón tienes...
Gracias Beatriz...
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